Entel sobre Benjamin y el progreso


Horkheimer y Adorno descubrieron allí muchas afinidades en relación a sus propias posiciones. Entre otras cosas, Benjamin, que había resultado víctima de la nueva barbarie que asolaba a Europa, trabajaba allí sobre la dialéctica cultura-barbarie y revelaba que el progreso era también una catástrofe, tópicos de notoria convergencia con la Dialéctica del Iluminismo que ambos escribieron.^" En la tesis IX dice: "Hay un cuadro de Klee que se llama Ángelus Novus. En él está representado un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que mira atónitamente. Su ojos están desmesuradamente abiertos, abierta su boca, las alas tendidas. El ángel de la historia ha de tener ese aspecto. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. En lo que a nosotros nos aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una sola catástrofe, que incesantemente apila ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. Bien quisiera demorarse, despertar los muertos y volver a juntar lo destrozado. Pero una tempestad sopla desde el Paraíso, que se ha encerrado en sus alas y es tan fuerte que ya no puede plegarla. Esa tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al que vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Esta tempestad es lo que llamamos progreso" (1995: 34). Progreso que había sido concebido como el de "la humanidad misma" y como "incesante" aun cuando todos estos rasgos eran controvertibles. "La representación de un progreso del género humano en la historia no puede ser disociada de la representación de su marcha recorriendo un tiempo homogéneo y vacío. La crítica a la representación de esa marcha tiene que constituir la base de la crítica a la representación del progreso en absoluto." Ese continuum de la historia tiene su contracara en la esperanza mesiánica, en la discontinuidad, instante en el que lo que ha sido soslayado y oprimido puede ser redimido.

(…)Arremetía además contra el concepto del trabajo que un marxismo vulgar había consagrado como explotación de la naturaleza y opuesto con ingenuidad a la explotación del proletariado. El riesgo al que conducía era la tendencia a percibir sólo "los progresos de la dominación de la naturaleza, y no los retrocesos de la sociedad". De ahí que, incluso a contrapelo de Marx, Benjamin había escrito en un borrador de las tesis: "Marx dice que las revoluciones son la locomotora de la historia universal. Pero tal vez ocurre con esto algo enteramente distinto. Tal vez las revoluciones son el gesto de agarrar el freno de seguridad que hace el género humano que viaja en ese tren".

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