Entel sobre Benjamin y el aura y la reproductibilidad técnica (Extractos seleccionados. Los destacados son nuestros)
Entel sobre Benjamin
A través de original
método, cuyo alcance fue descripto previamente, Benjamin también dedicó
sus reflexiones a las transformaciones sufridas por las experiencias de la
mirada y de la producción y reproducción de imágenes, con el nacimiento de
la fotografía. Este derrotero nos abre la posibilidad de recorrer, junto
con el autor, un modo materialista de concebir la historia de la técnica
fotográfica. El desafío propuesto, mirar la cosa, la fotografía, y en esa
mirada comprender cómo se presentan las
huellas de
lo pretérito, cómo ese presente ya estaba siendo anunciado muchos años antes a
través de las demandas, de los esfuerzos y las imposibilidades de nuestros
antepasados, permite cruces entre diferentes tópicos de sus escritos, es decir, la importancia de la mirada como
experiencia, la relación entre aura e imagen, las potencialidades
de la fotografía y su
relación con la pintura.
Desde otro lugar, en un registro más abarcativo y siempre de la mano de
Benjamin, se trata de atestiguar el
creciente empobrecimiento de la experiencia humana única, individual,
imborrable. Los avances técnicos
vinculados a la reproducción masiva de imágenes se desarrollaron en la
dirección de una atrofia, de un trituramiento de la unicidad e irrepetibilidad
de la experiencia de la mirada. El instante del cruce de miradas entre un
hombre y una mujer desconocidos entre sí en una ciudad multitudinaria es
tratado por Baudelaire en Las flores del mal; la contemplación de un cuadro constituye, por lo menos hasta que
despuntan las posibilidades de su reproducción en diversos formatos, una
experiencia única e irrepetible, características que quedaron expresadas
por Proust: "Algunos, amantes de los misterios, se halagan pensando que en
las cosas permanece algo de las miradas que una vez se posaron sobre ellas.
Opinan que los monumentos y los cuadros sólo presentan bajo el delicado velo
que el amor y la veneración de tantos admiradores tejieron a su alrededor a lo
largo de los siglos". Proust hacía referencia a la mirada que posa sobre
las obras de arte y la perennidad de sus imágenes. Benjamin, con Valéry,
sostiene que la imagen artística viene a saciar la insatisfacción de la mirada
al reproducir, y así fijar, eso en lo que el ojo no puede saciarse.
La reproductibilidad técnica del
arte transforma radicalmente esta experiencia. Porque le retira valor al
instante individual y ritual de la percepción para concedérselo a la masividad
de las prácticas de la recepción de las nuevas formas del arte. De este modo es
posible comprender por qué las técnicas reproductivas anulan la dimensión
ritual de la percepción de una obra de arte: ya no es más el encuentro único
entre un par de ojos embelesados y la capacidad de la obra de atesorar esa
mirada. Lo que se desgarra es esa experiencia a la que alude Baudelaire en
un poema en prosa titulado "Los beneficios de la luna". Baudelaire
personifica a esta última asomándose a través de una ventana, bajando del cielo
y posándose cerca de la cima de un bebé para dirigirle algunas palabras. El
bebé la contempla y esta contemplación, que obtiene como respuesta una visita
personal, transforma los ojos y las mejillas de la criatura: "Tus pupilas
quedaron verdes y tus mejillas extraordinariamente pálidas. Por contemplar esta
visita tus ojos se agrandaron de modo tan extraño (...)" le dice
Baudelaire al niño. Así, la mirada del bebé tiene dos implicancias: constituye
una experiencia plena de aura y transforma a la luna en un objeto aurático. Walter Benjamin dice: "A la mirada le
es inherente la expectativa de que sea correspondida por aquel a quien se le
otorga. Si su expectativa es correspondida (...), le cae entonces en suerte la
experiencia del aura en toda su plenitud". O dicho en otra clave y
dotando de aura al fenómeno natural (la luna): "Quien es mirado -decía Benjamin— o cree que es mirado levanta la
vista. Experimentar el aura de un fenómeno significa dotarle de la capacidad de
alzar la vista".* El entrecruzamiento de miradas es una metáfora del
instante. Un instante que, como todos ellos, se evapora y pasa a formar parte del
arcón de los tesoros de la memoire involuntaire.
La creciente masificación en la
producción de imágenes, un proceso que se inicia hacia 1830 con la invención de
la daguerrotipia (cuya prehistoria debería ser reconstruida), expresa una
transformación y refunda radicalmente la experiencia humana del mirar, la de la
creación artística y la de su percepción. A partir de estas transformaciones experienciales que dan lugar a
demandas estéticas del nuevo actor que aparece en la escena social, las masas
urbanizadas, es posible interpretar el surgimiento y el éxito a lo largo de
este siglo de las innovadoras técnicas de reproducción de imágenes y las
modificaciones que se verifican en las tareas artísticas vinculadas a ellas.
2. LA PREHISTORIA TÉCNICA DE LA FOTOGRAFÍA
La perspectiva analítica de
Benjamin sobre la fotografía supone hacer una reconstrucción
histórico-técnica de un período de tiempo que va desde 1750 hasta 1820. Setenta años en los que
se delinearon y definieron todas las problemáticas que abrieron el camino a la
fotografía. Hasta 1750 la arisrocracia
era la única clase social con "derecho" a ser retratada. La
técnica que más se adecuó a las exigencias de esa difícil clientela fue el
retrato en miniatura. Las
transformaciones económicas que provoca el fin del feudalismo traen a la
escena pública a una burguesía que, en principio, debió aceptar la forma
artística del miniaturismo.
Ya algunos años antes de la Revolución fue tomando forma en Francia un
nuevo procedimiento para hacer retratos: el recorte en papel de charol negro
del perfil del retratado. A partir de esa artesanía que entretenía durante las
fiestas y se extendía por ferias y plazas, el retrato —silueta de donde se va a
avanzar hacia lo que Giselle Freund destaca como "el precursor ideológico
de la fotografía": el fisionotrazo—. En realidad éste trajo consigo la
rapidez y la mayor exactitud, valores que ciertamente coronó la fotografía. El
fisionotrazo es un sistema mecanizado de corte de siluetas. Un par de
paralelogramos articulados susceptibles de ser desplazados en un plano
horizontal. Dos estiletes, uno que recorta el contorno de mi dibujo, el otro
sigue el desplazamiento del primer estilete y reproduce el diseño en una escala
que es determinada por la posición relativa de los estiletes. Esta
superposición de sistemas en el cual uno reproduce en otra escala un objeto
(rostro) original, es un principio general idéntico al de la fotografía. El
retrato fotográfico reproducirá sesenta años después, en otra escala, a su
original.
Sin embargo, con el fisionotrazo, si bien reproduce los contornos del
rostro con exactitud matemática, se constata que los retratos tienen todos la
misma expresión: fija, esquemática y plana, como dice Giselle Freund. Y aquí
cabe la justicia de la crítica a la técnica: la mano del artista está ausente.
A partir de la caracterización de este aparato, Benjamin sabe que en él
"se encuentran los inicios de la tecnificación de los retratos". Esto
significa que la demanda de la aplicación de la técnica sobre el retrato (se
exigía mayor exactitud y mayor rapidez -el tiempo de toma con fisionotrazo era
de un minuto y para color tres minutos—) ya estaba presente mucho antes de los
experimentos de Niepce y Daguerre.
El microscopio de Benjamin accede a la comprensión de que la influencia
demoledora de las demandas de la burguesía, su expresión en el desarrollo
técnico en general y en la de reproducción técnica de imágenes en particular,
revoluciona la totalidad de los ámbitos determinados por esa influencia.
Inclusive la pintura, estandarte de los adalides de los valores tradicionales
del arte, se ve arrastrada por el mismo huracán.
Si Benjamin destaca a los panoramas como la trinchera en donde la pintura
se mezcla con la técnica, ya con el desarrollo de la fotografía, la pintura,
como reacción a aquella, "comienza a subrayar los elementos del color en
sus cuadros". Y no sólo eso: "cuando el impresionismo cede ante el
cubismo, la pintura se procura amplios terrenos en lo s que no puede seguirle
la fotografía". La guerra está
declarada y la fotografía le responde a la pintura invadiendo un terreno que
era exclusiva propiedad de ésta desde mediados del siglo pasado. Ofrece
"al mercado en una cantidad ilimitada figuras, paisajes, acontecimientos q
u e no eran utilizables en absoluto o que lo eran solamente como cuadro para un
cliente" (1993: 178).
La historia benjaminiana de la relación entre pintura y fotografía es, en
los hechos, la del cambio permanente, las delimitaciones de los respectivos
territorios en constante desplazamiento y los movimientos internos de cada una
en la búsqueda de armas y de estrategias de subsistencia y conquista. En la contienda el trofeo es el mercado.
Un ámbito hacia el que la técnica tiene orientación y dedicación exclusiva,
pero el arte no. Por otra parte, Benjamin señala la imposibilidad y el desatino
de separar los dos ámbitos (el de la técnica y el del arte) en el análisis de
una época nueva. Hacia fines del siglo
pasado el arte ya no sólo se enfrentó a los juicios del mercado, sino también a
un nuevo actor fundamental: la multitud. La orientación a las masas determinará
el futuro de la esfera artística. Su asociación con la técnica será el mejor
aprendizaje. La consumación de las innovaciones que produce esta unión se verá
coronada en el cine.
4. EL AURA, LA IMAGEN YLA MIRADA
Cuando se estudia el tema del aura en la obra de Benjamin aparece un
primer interrogante, a saber: ¿el problema del aura es un problema interno (que
cierra en sí mismo y carece de utilidad analítica) de la obra benjaminiana? O
dicho de otro modo: la variedad de definiciones y enfoques que adopta Benjamin,
sumado a la centralidad que tiene la cuestión en los textos vinculados a la
problemática del arte y la técnica, son elementos que aportan a la impresión de
que es un concepto con una lógica y un funcionamiento propios en la obra
teórica del autor y no una idea que sirva para el análisis de materialidades
históricas. Esta impresión es falsa, ya que el concepto de aura es clave para
comprender de un modo único la complejidad y la profundidad de los cambios en
el ámbito de las prácticas perceptivas y las transformaciones que introduce la
entrada de la técnica en la producción artística. El de aura es un concepto
complejo, que contiene implicancias teológicas, y sirve para explicar, por un
lado, un modo histórico de ser de la mirada y, por otro, una
caracterización de los objetos de la naturaleza y los objetos
artísticos.
A fin de cuentas, sería la presencia
o la ausencia de aura en una obra de arte, el punto de inflexión que
marca el cambio definitivo en la historia de la esfera estética hacia el
predominio de la reproductibilidad técnica. Además, debe tenerse en cuenta
que el problema del aura tiene, en la obra
de Benjamin, una estricta vinculación con condicionamientos históricos
determinados. fundamentalmente, los crecientes procesos de masificación,
propios del desarrollo capitalista. Para iniciar este camino es necesario
decir que de resultas con esa focalización sobre lo nuevo, Benjamin ve algo
tan antiguo como la experiencia del mirar. En este marco se puede recorrer el trabajo
benjaminiano sobre la mirada.
En el parágrafo XI de "Sobre algunos temas en Baudelaire",
Benjamin sostiene que "la experiencia del aura consiste en la
transposición de una forma de reacción, normal en la sociedad humana, frente a
la relación de lo inanimado o de la naturaleza para con el hombre". Esa
forma de reacción es la de "quien es mirado o cree que es mirado levanta
la vista." Entonces, "Experimentar el aura de un fenómeno significa
dotarle de la capacidad de alzar la vista." Cuando la cosa o el fenómeno
"alza la vista" este hecho se transforma en un hallazgo para quien le
dotó de esa capacidad. Un hallazgo que alberga en la memoria involuntaria. Son
los fenómenos que escapan al esfuerzo del recuerdo. Están más allá de las
posibilidades voluntarias del sujeto. Es por este camino que resulta posible
comprender la ya clásica definición de
Benjamin del aura como "manifestación irrepetible de una
lejanía". Un fenómeno único,
instantáneo e inaprehensible. Y aquí es donde se hace patente "el
carácter cultual del fenómeno. Lo esencialmente lejano es inaccesible: de hecho
la inaccesibilidad es una cualidad capital de la imagen cultual" (1993:
163).
De este modo se ha llegado a la
formulación del problema: los procedimientos técnicos que fijan imágenes y de ese
modo las convierten en fenómenos constantemente cercanos para la percepción
humana, atrofian la experiencia aurática. Y esto es así porque impiden la lejanía. La ya hoy antigua experiencia
única y embelesada (o religiosa) de contemplar una obra artística, se ve
imposibilitada en su unicidad, por la proliferación de copias que acercan la
obra al que la consume. Éste es un cambio que afecta no solamente a los objetos
y las obras de arte. Es un proceso de alcance mucho mayor: la mirada misma se
ve inmersa en el torbellino de lo nuevo. En este sentido, Benjamin
persigue las huellas dejadas por Baudelaire que describió un tipo de ojos que
expresan el cambio: "ojos de los que diríamos que han perdido su capacidad
de mirar". Es decir: la
"capacidad de mirar" se atrofia no sólo en las cosas, sino también en
los ojos del hombre. Para Baudelaire es la experiencia humana del mirar la
que se atrofia con la imagen fotográfica. La
mirada pierde la fascinación de la lejanía, "prescinde de extraviarse
soñadoramente en la lejanía". Éste es el sentido de la palabra del
poeta que cita Benjamin al final del parágrafo XI de "Sobre algunos temas
en Baudelaire": "Deseo volver a los dioramas cuya magia, enorme y
brutal, sabe imponerme una ilusión útil. Prefiero contemplar algunos decorados
de teatro en los que encuentro, artísticamente expresados o concentrados
trágicamente, mis sueños más queridos. Porque son falsas, están estas cosas
infinitamente más cerca de lo verdadero; mientras que la mayor parte de
nuestros paisajistas son unos mentirosos, precisamente porque han descuidado
mentir" (1988: 167). Es la concisión trágica con que se ven expresa- dos
sus sueños infantiles (y también su mirada infantil) en los viejos decorados
teatrales, lo que a Baudelaire le despierta la nostalgia. Su evidente y
procurada falsedad la que sostiene el aura de lo lejano. Los paisajistas dibujan
la realidad, descuidan mentir, rompen el encanto, acaban con la magia. Y por
eso son despreciados por Baudelaire.
Es la mirada ensoñadora y mítica
de los niños la que sufre el empellón de la técnica y hace perder a los hombres,
ahora urbanizados, la capacidad de mirar.
En este punto donde pueden comprenderse las causas por las cuales Benjamin
dota de tamaña importancia al concepto de aura. Constituye el eje de su
reflexión sobre las transformaciones históricas en la esfera del arte. En
efecto, el aura de la obra artística tiende
a desaparecer con el nacimiento de la fotografía. En la obra de Benjamin,
ésta es la cuestión en donde la fotografía se deja ver con una enorme fuerza
revolucionaria: "por primera vez en la historia universal, la
reproductibilidad técnica emancipa a la obra artística de su existencia
parasitaria en un ritual" (1982: 27).
La fotografía aniquila los
valores vinculados al origen de la obra, a la tradición, a su autenticidad, su
unicidad, su originalidad (dice Benjamin a este respecto: "no tiene sentido
[en la fotografía] preguntarse por la copia auténtica"). La crisis de
estos valores autoriza a Benjamin a hablar de una nueva etapa después de siglos
de predominio aurático en la producción y percepción del arte. En otros
términos la fotografía (con el fin de la época de oro del retratismo) culminó
en el trituramiento del aura y transformó para siempre la obra artística y su
percepción. "En la fotografía, el valor exhibitivo comienza a reprimir en
toda la línea al valor cultual" {ibidem: 31).
Ahora bien, aquí
resulta decisivo preguntarse por las razones de este cambio tan profundo en la
valoración de la obra de arte. Lo que ha
cambiado definitivamente, y esto es de fundamental importancia, es el tipo de
receptor. Ya pasada su época de oro, la fotografía se transforma en un
instrumento de la industria e ingresa a la prensa gráfica. El periódico se
generaliza y se dirige a un nuevo sujeto histórico: las masas urbanas.
Benjamin anuncia de este modo la nueva época: "la orientación de la
realidad a las masas y de éstas a la realidad es un proceso de alcance
ilimitado tanto para el pensamiento como para la contemplación".
Es decir, ya no se trata más de
un tipo de recepción individual, atenta, concentrada, cuyos valores son la
belleza por sí misma, la autenticidad y la unicidad de la obra (valores que,
por otra parte, continúan vigentes en el mercado de compra y venta de obras
plásticas aún a fines del siglo XX; así como también en la mayor parte de la
crítica de arte que sostiene ese mercado). La recepción masiva tiene características
completamente diferentes que se plasman de un modo patente en la recepción
cinematográfica. La fotografía fue la antesala de esas nuevas prácticas
perceptivas.
El concepto de aura es el
instrumento que usa Benjamin para ejercer la crítica de las concepciones
tradicionales de arte. A través de la reconstrucción histórica del concepto,
Benjamin postula, contra las posiciones idealistas que defienden los valores
del arte puro contra la "vulgarización" de la fotografía y el
cine, el inicio de una época en la historia de la obra de arte y la de su
percepción. Las transformaciones artísticas para un historiador materialista
(posicionamiento explícito de Benjamin en el prólogo a "La obra de arte en
la época de su reproductibilidad técnica") hacen vigente "en todos
los campos de la cultura el cambio en las condiciones de producción". Son las condiciones de producción posteriores
a las revoluciones burguesas de mediados del siglo XIX, las que van a ser
acompañadas por la industrialización de la fotografía y el posterior nacimiento
del cine. La relevancia de las transformaciones históricas y estéticas
mencionadas le permiten a Benjamin sostener con firmeza la necesidad de innovar
las herramientas conceptuales para el análisis artístico. Resulta insostenible
la continuidad en el uso de conceptos como creación, genialidad, perennidad,
tan afines al análisis de la obra de arte aurática y a la crítica
idealista.
Desde este punto de vista, el objetivo de Benjamin fue conformar un espacio
de lucha teórica desde el cual enfrentó a las posiciones conservadoras que,
muchas de ellas sin proponérselo explícitamente, "llevan a la elaboración
del material fáctico en el sentido fascista". El artículo sobre la época
de la reproductibilidad técnica del arte sería el Manifiesto fundador de esa
trinchera.
Frente a las problemáticas planteadas por la cultura industrializada a las
teorías estéticas y la crítica de arte, la posición de Benjamin fue absolutamente
innovadora. Permitió comprender el
sentido histórico del nacimiento de la técnica fotográfica y su desarrollo
vinculado con la expansión del capitalismo. Como consecuencia de esa expansión,
Benjamin da cuenta de la creciente importancia social y económica de las masas
urbanas. Fue este proceso el que empujó a la fotografía hacia el
movimiento. En efecto, si la fotografía fue hija de una burguesía pujante y
pagada de sí misma, el cine lo será de las masas avasallantes.
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