Segunda actividad


Divídanse en 2 grupos. Uno leerá el texto de Jünger y otro el de Spengler. Respondan las siguientes preguntas de acuerdo al fragmento que les tocó:


¿Cuál es su postura ante la técnica y su vínculo con el individuo? ¿Qué dice respecto a la relación entre el individuo y la masa? ¿Cómo ve el efecto de la técnica en el mundo? ¿Cree que el progreso y la razón son beneficiosos para la naturaleza y los individuos? ¿Confía en la aplicación de la técnica a la naturaleza?



Declaraciones de Ernst Jûnger
“En nuestra época técnica, el individuo parece cada vez más dependiente, carente de libertad y víctima del peligro, separado de los lazos antiguos y quizás afrontando la extinción. ‘El proceso de la disolución de la forma a favor del movimiento’ anula la personalidad individual en la masa urbana. Al mismo tiempo, sin embargo, el proceso ‘posee la velocidad de la corriente eléctrica’ y destruye las capacidades de los individuos para sostener su identidad. Entre más técnico se vuelve el mundo, más se sujetan las tareas al movimiento de las máquinas, más se reprime al individuo [...] Todo avance de la razón y el progreso trae consigo un ‘nuevo ataque a la libertad’ [..,] Y las máquinas no se dirigen sólo contra la naturaleza sino también contra nosotros.” 

Extractos de Oswald Spengler:
“Todo lo orgánico sucumbe a la creciente organización. Un mundo artificial atraviesa y envenena el mundo natural. La civilización se ha convertido ella misma en una máquina que todo lo hace o quiere hacerlo maquinísticamente. Hoy se piensa en caballos de vapor. Ya no se ven y contemplan las cascadas sin convertirlas mentalmente en energía eléctrica. No se ve un prado lleno de rebaños sin pensar en el aprovechamiento de su carne. No se tropieza con un bello oficio antiguo, de una población todavía alimentada por la savia primordial, sin sentir el deseo de sustituirlo por una técnica moderna. Con sentido o sin él, el pensamiento técnico quiere realización [...] Hemos nacido en este tiempo y debemos recorrer violentamente el camino hasta el final. No hay otro. Es nuestro deber permanecer sin esperanza, sin salvación en el puesto ya perdido. Permanecer como aquel soldado romano cuyo esqueleto se ha encontrado delante de una puerta en Pompeya, y que murió porque al estallar la erupción del Vesubio olvidáronse de licenciarlo. Eso es grandeza; eso es tener raza. Ese honroso final es lo único que no se le puede quitar al hombre”.



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