Nicolás Casullo sobre la Modernidad. (Extractos tomados de “Itinerarios de la Modernidad”. Los destacados son nuestros).
Decíamos
la clase pasada que si algo podía definir la Modernidad es, por un lado, ese
proyecto de la Razón ilustrada: ese sueño del siglo XVIII se plasmará en el XIX
en la ciencia, en la sistematizaciones y los propios progresos de la historia,
y en la segunda revolución industrial que definitivamente lanza al capitalismo
al dominio de la vida del mundo. Por otro lado, la Modernidad es la idea de un
sujeto absolutamente centrado en su conciencia, un sujeto que tiene la
posibilidad de definir, conocer, establecer los regímenes de verdad y ordenar
el mundo, de representar lo moderno desde esta clásica perspectiva: un ajuste
absoluto entre palabra y realidad. Es esa capacidad del lenguaje, de nuestro
lenguaje, para encontrar y designar en el mundo el mundo verdadero, las cosas
que son de verdad. La Modernidad desde esa perspectiva: ciencia, lenguaje,
técnica, es un progreso indefinido, desde el punto de vista del que defiende
este tiempo. Un tiempo histórico que está absolutamente seguro de saber, vía
razón y ciencia positiva, lo que es verdad y lo que es ilusión. Un tiempo
histórico que está absolutamente seguro de que eso que está viviendo, que es la
época de las realizaciones, conformarán la historia y el llegar a las metas. Un
tiempo histórico que más allá de críticas políticas y estéticas piensa en la
total adecuación del sujeto para su “objeto mundo”. Sujeto, conciencia
transparentados, mundo racionalistamente objetivado, discursividades que por
vía científica llegan a la verdad.
(…) Lo
vivido, el gran sueño burgués ilustrado, incuestionable, era ya ilusorio
pasado. Toda la gran promesa de la Modernidad racional, civilizatoria,
humanística, utopizada desde el siglo XVIII, sistematizada a lo largo del XIX,
quedaba destrozada por una guerra donde economía, ciencia, técnica, cultura,
habían contribuido a la gran matanza. El mundo aparece como en ruinas.
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